Debo admitir que estoy desconcertado. Tanto que escucho música y escribo. Para una persona normal, con mi profesión, no debiese sonar raro, pero aún así para mi lo es. Soy una persona más bien visual. Me encanta poner en escena cosas, ideas, sueños. Después de mucho tiempo de búsqueda es de lo que más certeza tengo.
Escribir para mi es un placer, un desahogo.
El año pasado fue muy agitado en mi país, Chile, y estoy iniciando un año crucial, así lo siento, así lo decidí. ¿Has sentido alguna vez una fuerza vital que está en ti y que te dice “¡Hey! ¡Este es el momento!”? Bueno, es lo que estoy sintiendo, pero como sé que nada es fácil, aún no tengo certeza de momento de que es. Suena extraño, tonto quizás, pero recuerda, estoy desconcertado. El escribir me ayuda a ordenar la cabeza y tratar de generar coherencia y quien sufre eres tu, que te das tiempo para leer estas líneas.
Ahora trataré de explicarme un poco, para variar. Es casi algo para la risa, pero en mi propósito de año nuevo veinte diez me fijé trabajar en Santiago, en medios de comunicación y de tanto insistir, trabajé en una importante cadena de noticias 24 horas con presencia mundial. Me aceptaron para trabajar el 25 de febrero del 2010, fui a conocer a mi jefe el 26 de febrero quedando como mi primer día de inducción el 27 de febrero ¿les suena? Sí, el mismo 27F, el del terremoto de 8,8 grados Richter que destruyó medio país, provocó un tsunami en las costas, generando muchos daños, algunas muertes, que la gente enloqueciera y saqueara cuanta cosa tenía por delante.

No me detuve hasta 10 días después y jornadas de 16 horas en promedio, cuando me obligaron a descansar y claro, a ver a mi familia que estaba en la zona de desastre. Gracias a Dios nada les pasó, al menos nada grave.
Luego, comencé mi periodo de entrenamiento. No era fácil retornar a la “normalidad” después de tal evento pero había que hacerlo. Empecé a conocer mi trabajo, de alto estrés, pero muy entretenido. Comencé a conocer gente que se transformó en amigos, de esos de vísceras. Retomé amistades lejanas, me comencé a sentir cómodo. Después de los altos y bajos, logré empoderarme del cargo, de la responsabilidad y de la habilidad que se requería, no es fácil ser el responsable de lo que se emitía al aire. Cuando ven a un conductor decir “me hablan por interno” o “me dicen de arriba que...”, ese que hablaba era yo.
Así nació “Coordenadas”. Un programa de esfuerzo, de lucha, de esos proyectos de los que te enamoras. Tuve el privilegio de trabajar con un grupo humano de primer nivel, no sólo profesional, si no que creativo, comprometido y leal. Creanme, personas así en mi trabajo son un bien escaso. El año pasado fui parte de este grupo que sacó una joya al aire. No pensamos en qué tan comercial era, no pensamos en que nos colocaban barrera tras barrera para estar al aire, ni en todas las peleas que tuvimos como equipo para sacar lo mejor de nosotros, no importaron las horas menos de sueño ni cuanto desgaste producía, si había o no que sacar dinero del propio bolsillo. Era nuestra idea, fue nuestro programa.
Después, el gran acontecimiento mundial, cuando quedaron atrapados los mineros y el posterior proceso para rescatarlos. Debo decir con cierto orgullo que me tocó salir en vivo, a cargo de la emisión la primera noche de transmisión continua, todo un hito para mi, porque fue la primera vez que estuve en vivo tanto tiempo y vaya en que evento.

La cosa es que así pasó mi año. De un evento informativo a otro, todos de alto impacto y lo mejor de todo, estaba contento con mi trabajo.
Hasta que comenzaron los problemas. No quiero ahondar en ellos porque siempre hay alguien malo y nunca es quien cuenta la historia (quiero aclarar que yo no lo fui jejeje). El punto es que terminé el veinte diez tal como lo empecé: sin trabajo. Pero con mucha experiencia y nuevos amigos. Un secreto entre nos. Antes de irme a Santiago, conversaba con un amigo y hablamos sobre mi futuro. Ambos coincidimos que entrar en un medio de comunicación a mi edad (30 en ese momento) no era fácil, por no decir imposible, por lo que viajé con ese imposible en mi bolso y salí con él a buscar trabajo, pero una puerta se abrió.

Siento que este 2010 traté, se los prometo, de verdad, de insertarme en el sistema laboral normal. Trabajo, sueldo, trabajo, sueldo, trabajo, sueldo. Me demostré que soy capaz de seguir instrucciones como soldado disciplinado, de no hacer más ni menos de lo que me pedían, de ser un empleado modelo. Me esforcé mucho para hacer que el negocio de otro funcione. Pero no funcionó para mi. No es que sea inconformista aunque trato de ser perfeccionista y, aunque he notado que cada vez paso más tiempo en un trabajo, siento que ese no es mi camino.
Hace poco conversé con alguien especial de mi vida pasada y, por el contexto en el que estoy, se transformó en alguien importante hoy. Me hizo recordar lo entretenida que era mi vida cuando asumía riesgos, cuando no esperaba adaptarme al mundo si no que hacía que el mundo se adaptara a mi.
Esto, sumado a algunos queridos y muy cercanos (as) amigos (as) que han estado presente y preocupados que no sólo esté bien de ánimo si no que siga adelante y, palabras más palabras menos, luche por mi destino y futuro, sea cual sea este, hace que sienta nuevamente que el mundo es mío. No puedo dejar de lado a mi familia y su cariño y apoyo, además de los golpes y caricias de mi sobrina y sobrino, quienes siempre me hacen sonreír.
La verdad, la dura, la neta, la mera mera... Si esta es una declaración de principios, no sé que depara este año, no sé si conquistaré el mundo o el mundo me conquistará. Lo único que tengo claro es que el mundo que me rodea es mío, ya. No tengo que conquistarlo, me conquistó. Ahora sólo debo disfrutarlo. Disfrutar el camino.
Amigo, Amiga, gente... gracias por hacer de mi vida algo que vale la pena vivir. Slow Life. Good Life.






No hay comentarios:
Publicar un comentario