viernes, 15 de agosto de 2008

INVOLUCIÓN DE LAS COMPLEJIDADES




Involución de las complejidades para ser feliz, buscar lo simple para ser feliz. Sarcasmo, definitivamente. Sí, porque tienes que vivir mucho para tomar el peso real de esta frase.

Tantos caminos recorridos y muchos más para recorrer. Pero aún así, no los caminaré todos. Es desesperante ir dándose cuenta que entre más uno conoce, menos sabe. Si hasta me llega a dar envidia el escuchar a personas menos instruidas, con notorios errores teóricos y experienciales, con la seguridad que hablan y ocupan términos rebuscados, sin mencionar lo sorprendente que es ver a personas mayores “comprarles el cuento”.

Me encantaría tener esa seguridad. Imaginen lo complicado que es tener una personalidad intolerante a “la imperfección”, que no transa valores y para más, inseguro porque siente que sabe menos cada día. Una cosa que ahora que leo lo que escribo, me suena bastante incoherente.

Incoherente, pero real. De adolescente soñaba con tener mucho tiempo para mi y mis pensamientos, siempre fuera de tiempo, época o de cordura. Me encanta desde siempre conversar con los adultos, con personas que tienen más experiencia que yo. Aprender de ellos. Esculpí con fuego la habilidad de escuchar atentamente a las personas que me pueden transmitir algo de sabiduría, no conocimiento, que eso se obtiene de los libros y memorizando.

El valor de la experiencia.

Observar y escuchar para aprender de las personas que han hecho algo y que han sacado lecciones es mi mayor tesoro. Soy un viejo chico a mucha honra. Y lo que más me gusta de esto es haber obtenido de quienes tienen los sabios años blancos, es el valor de lo simple.

Si, de lo simple. A mi mente vienen muchos relatos que hablan de esto, como por ejemplo ese que cuenta como sería la vida al revés, donde se propone lo magnífico que sería nacer viejo para tomar valor a la vida y desaparecer después de vivir todo en un mágico orgasmo.

Darse cuenta que el mayor error que sienten es no haber dedicado más tiempo a las cosas que realmente importan, como el cariño de la familia y seres queridos, no haber disfrutado de una caminata sobre las hojas caídas en otoño, no ver más amaneceres o atardeceres, no decir más te quiero y, porque no, más te amo, sentir la respiración de un ser querido mientras duerme.

¿De que sirve el dinero si no se tiene eso? Recuerdo ahora la canción del oso gris de “el libro de la selva”, película de Disney, cuando dice “busca lo más vital, lo de necesidad no más, y olvídate de la preocupación”. Interesante propuesta.


¿Se dan cuenta de que esta idea es ir en contra de la naturaleza humana? Así es, si la historia lo dice. De caminar por siglos a desear el vehículo más rápido en la faz de la tierra, con el motor más potente y de ser posible, full equipo (que cada año es con más artefactos) para no poder utilizarlas en las autopistas. Aviones cada vez más rápidos, edificios cada vez más altos, ropa cada vez más “in”.

Vivimos en una sociedad estresada. Cada vez más enferma. ¿Cuál es realmente el objetivo de vivir para las cosas materiales? ¿No se supone que debería ser al revés? Si la idea es al final simplificar la vida. Pero no, la naturaleza humana no va en esa dirección. ¿Saben cuanta tecnología hay en un Ipod? ¿Cuántos años de investigación? Dicen inclusive que para un aparato de esos se debieron talar muchos árboles. Sólo un ejemplo más. Miren a los japoneses, la sociedad de la minimización, la sociedad del estrés. Pero miren a los sabios adultos mayores japoneses, disfrutando del arte del bonsai o de sus ejercicios en el parque.



Siempre me he preguntado del porqué debo esperar tanto para disfrutar de mi vida, esperar a jubilar. Porqué no la puedo disfrutar hoy. Si, disfrutar hoy significa poner menos esfuerzos en tener cosas materiales y disfrutar más de lo simple. Desintoxicarse de la sociedad del consumismo.

¿Es vital para vivir un Ipod? ¿Es vital para vivir un pantalón Yves Saint Laurent o una camisa Polo? ¿Necesito de verdad para vivir un plasma LCD de 32 pulgadas Sony con un Home Theater?

Para mí, al menos, no son una necesidad vital. Creo más en la satisfacción de una sonrisa disfrutada y una caricia sentida. Slow Life. Good Life.



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