
Cada vez que me pregunto ésto, mi vida comienza a entrar en un espiral que no parece terminar nunca.
La luz cada vez se va desvaneciendo y haciendo más débil. Te comienzas a encerrar, no sólo físicamente, sino que tu mente va teniendo menos temas en los que pensar y todo se comienza a tornar monótono y monotemático: la soledad en la que te envuelves y desenvuelves.
No hay más ¿o sí?
¿Es tan grave ser soltero y no tener compromiso? El mundo de hoy hace parecer que no es así. Las relaciones Light están a la orden del día en una sociedad cada vez más individualista y centrado en cosas que no te producen satisfacción al alma o al corazón.
No me refiero a las satisfacciones de los sentidos que hay muchas, vanas y fugaces. Bien por los que logran llevar una vida asentada en estos estímulos.
Lamentablemente, yo no soy uno de ellos. Y, por supuesto, me niego a sentir y creer que soy una especie en extinción. Si algún día tengo hijos, espero que sean de esta misma raza en vías de desaparecer.

Uno que cree en que la satisfacción del alma y el corazón es más importante que cualquier bien material como un auto e incluso una casa, y de más largo plazo que una noche de juerga donde ni con los niveles de alcohol llenos al máximo, se deja de pensar en lo vacío que es estar en esa condición, rodeado de gente, pero solo al fin. Se espera que haya un mundo más allá del horizonte.
Hoy me cuestiono todo. Y no es para menos. Una carrera universitaria a medio terminar, desempleado y buscando alternativas de trabajo que me permitan sólo sobrevivir – no da para más – para sacar la presión de estar llegando rápidamente a los treinta años y no tener todavía claro mi camino, una familia que si bien no está peleada, anda cada vez más disgregada por la vida y, para rematar, soltero y sin compromiso.
Estoy medio aburrido de estar en la constante e interminable búsqueda de pareja, del típico coqueteo de pubs o discoteques que no llega a nada o de andar con alguien por andar. Sí, lo reconozco.
Soy de esos que busca compromiso pero, no es que ande con el traje de novio en la mochila, más sí debo reconocer también que no me disgusta la idea de “ser felices para siempre y hasta que la muerte los separe”.
También está la posibilidad de conseguir este grado de estabilidad de buenas a primeras, pero eso involucraría tentar al premio de consuelo.
Me explico. Imagino a Don Francisco gritándome “le cambio lo de la puerta A por lo que tengo en este bolsillo” y no puedo dejar de pensar, en el recorrido de mi imaginación por supuesto, que detrás está la mujer de mis sueños, la que estoy esperando, pero es un riesgo y, como ya insinué entre líneas y ahora lo digo deliberada y directamente, no quiero más riesgos, por lo que el bolsillo es más que tentador.
Pero recapacito y siento que la mujer que esté conmigo no merece que la considere como premio de consuelo, lo que preferí por no seguir buscando a quien realmente me llene todos los sentidos y por sobre todo, el alma y el corazón. A la larga se va a dar cuenta.
Hay algo de lo que todavía no me puedo desligar ni puedo olvidar, algo a lo que mis padres llamaron “Valores” y que, en la universidad bautizaron como “ética”. Es increíble que tanta gente les haya olvidado y yo no pueda, ¿cierto?
No puedo negar que las noches solitarias, escuchando música que se condice con mis estados de animo (generalmente, romántica y de desamor), son larga y duras, de esas que te sacan varios lagrimones de los ojos y que, después de un tiempo, se tornan habituales ritos desgarradores del alma, arrancando jirones del corazón como si fuera el viento arrancando las hojas de un árbol en otoño.
Para mi hoy, ser soltero y sin compromiso es definitivamente algo grave. Sí. El primer paso para superarlo es reconocerlo, dicen. Porque echo de menos el calor de un abrazo incondicional, la tibieza de un beso dado con el corazón e, incluso, una discusión con altura de miras y con críticas positivas.
He pasado por varias de las etapas de la soltería después de una ruptura amorosa. La depresión desgarradora, la negación absoluta de que me voy a enamorar de nuevo, la de intentar tener una relación sin estar enamorado, la de decir que no es importante e incluso, la de la reafirmación sexual (en mi caso no fue tanto, porque me reafirmé y redescubrí que sigo siendo absolutamente “lesbiano”, ¡¡¡¡ME ENCANTAN LAS MUJERES!!!!), que en algunos casos marcan caminos totalmente distintos a seguir en la vida.
Pero aquí estoy, esperando que mi tiempo llegue. Mi tiempo de conocer a una fémina maravillosa que me saque del letargo y de la mediocridad como sólo una mujer sabe hacerlo, con amor.
¿Qué debe hacer un hombre con un corazón roto? Definitivamente, tener paciencia y esperanza. Hay alguien esperando por alguien. Y, porque no creerlo, debe existir alguna esperando por mi.
Creo fielmente en la media naranja. En la pareja ideal, la pareja partner, la que te acompaña en las duras y en las maduras, la que es capaz de compartir con tus amigos y reírse con y de ellos y que además es capaz de no ponerse celosa porque vas a jugar a la pelota con tus amigotes o porque una amiga o ex polola (novia) te saluda con afecto en la calle, porque está segura que optaste por estar con ella por amor y que el resto es nada.
Que ella sepa que la relación de pareja se debe basar en tres pilares fundamentales: Amor, respeto y confianza, además de que esté tranquila como yo lo estaría al saber que con ella es mutuo. Y no hay más.
Que sepa que no existen parejas perfectas, sino voluntades perfectas. Que cuando se tengan problemas, lo que va a primar son los sentimientos y no las circunstancias. Que si estamos juntos pensando en el futuro, es por amor y no por algo más o algo menos. La supremacía del amor.
La pareja, la amante, la consejera, la amiga. ¿Será mucho pedir? Espero, sinceramente, que no. Así como espero que, cuando aparezca, la reconozca, la acepte, la cuide y, por supuesto, no la deje ir nunca.
¿Qué debe hacer un hombre con un corazón roto?
Es definitivo. Esperar a que llegue su pareja y, sin que se lo pida, le recomponga cada parte de su corazón, le de fuerza y esperanza de que nunca más ese vital órgano será mal cuidado, ni menos, destrozado.

